EL INCONSCIENTE.

REALISTA PERO DESENFRENADO

En una de sus tantas letras, el neoyorquino Stephen Sondheim escribió “Solía creer que cada persona determinaba su propia vida. Que teníamos el control sobre nuestro futuro al elegir nuestra pareja, nuestras profesiones. Que eramos responsables de las decisiones que marcan nuestra vida. Sin embargo, hay una fuerza más poderosa que el libre albedrío y es nuestro inconsciente”.

Todo estado mental es irreductible y el mero hecho de nombrarlo importa un falseo. Sin embargo, todos hemos sido dirigidos por nuestro inconsciente alguna vez en nuestra vida. Sintiendo quizás, algo parecido a aquella sensación que experimenta quien se deja llevar por un río, pero también por un sueño.

Falseado y mutilado, el término inconsciente es reducido a eso de lo que indiscutible-mente el hombre moderno y racional debe huir. Utilizado por el mundo contemporáneo como un adjetivo, a través de este vocablo se califica un estado o una disposición mental de quien desarrolla inadvertidamente su comportamiento, es decir, sin darse cuenta, y que, en general, es ajeno a su voluntad el hecho de realizarlo.

Así, el mundo de lo consciente gana su lugar. Lo seguro y estable, por sobre la potencia, la vehemencia y el ímpetu.

Elegimos, dibujamos una ruta propia, decidimos a que aspirar. Escogemos que hacer y que no, que decir y que callar. Incluso muchas veces hasta intentamos controlar en que pensamos y en que no. Reprogramamos, una y otra vez, el sencillo impulso de la vida que nos atraviesa, y en su lugar, abrimos paso a la evaluación, reflexión y al cálculo.

Ser medido está bien visto, pero no porque sea una clave infalible o la receta verdadera de la felicidad. Más bien, en el fondo la causa recóndita se traduce como miedo o inseguridad, y la pregunta obligada es ¿A qué o a quién le tememos?

Someter nuestros impulsos, reprimir nuestras palabras y delinear nuestras acciones dentro de los limites socialmente impuestos más de la cuenta, vivir políticamente correctos, solo tiene un fin. Nadie quiere arriesgarse a ser mal visto, quedarse solo o perderlo todo. Allí es en donde la verdadera preocupación de todo ser humano reside. Y allí es en donde descansan, junto a lo espontáneo y auténtico de la vida, los sueños anestesiados y el inconsciente apabullado e inútil.

Por eso, la tarea pendiente siempre será cerrar el abismo entre como pensamos y como en vivimos en realidad. Ya que, si nos despojamos de la personalidad que hemos construido con los años, solo nos queda la verdad de lo que somos.

Ser capaces de todas las ideas, implica abrir la vida a un propósito que quizás por el momento se sienta demasiado amplio, pero no lo será eternamente. Un día, uno cualquiera, el sentido finalmente llega y por fin nos hallamos. A eso esta ordenada nuestra existencia. No hay dudas, solo hay dos momentos importantes en la vida, uno es cuando nacemos y el otro cuando descubrimos porque.

Mientras, deberíamos disfrutar del recorrido y confiar en nosotros mismos, ya que es parte de la magia de encontrar. No hay peor angustia que ajustarse a las expectativas de los demás y no animarse a vivir como cada uno quiere.

Nadie vive tu vida por vos. Los detalles se olvidan. Y más temprano que tarde, aunque no quieras, en algún lugar, en algún momento, vas a estar a solas, vos y tu vida. La que construiste, a la que te anticipaste.

Probablemente, si fuiste fiel a lo que deseabas no haya frustración.

Llegaste a donde tenías que llegar. “No hay un destino mejor que otro. Simplemente cada hombre debe acatar aquel que lleva adentro”.

CP

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  • Kakarotto Kakarotto 23 Ago. 2017 20:07

    Me encanta cande! Sos crak!