CandelariaPérez

CandelariaPérez 04 de Octubre de 2017

estado mental: ansiedad

¿Qué es la ansiedad? ¿De donde viene? ¿Cómo estar conectados para no reaccionar ante esta sensación?, son preguntas frecuentes de mas de 300 millones de personas al alrededor del mundo, que a diario viven afectadas por este trastorno.

En términos generales, es posible definir este fenómeno como una respuesta de anticipación involuntaria del organismo, es decir del cuerpo y la mente, frente a estímulos, externos o internos, tales como pensamientos, ideas o imágenes, que son percibidos como amenazantes y o peligrosos, y que van acompañados de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión.

En términos más reales, la mayoría de las personas puede estar en la cola de un banco, ir caminando por la calle o incluso estar tomando algo en un bar con amigos y sentirse abordado por una sensación injustificada de angustia, vacío o sin sentido, que genera estremecimiento, tristeza o incluso depresión.

Han sido múltiples los sujetos que se han dedicado a su estudio y han ensayando respuestas de las más variadas. Sin embargo, la declaración más certera para apaciguar inquietudes, o al menos las mis propias inquietudes, es la siguiente: se padece ANSIEDAD por una ausencia del ahora.

Cada uno de nosotros posee una virtud única. Un cuerpo mental, capaz de realizar una innumerable cantidad de funciones, incluso varias a la vez. Pero utilizado de manera caótica, éste puede transformarse en un gran problema.

A través de nuestra mente podemos viajar en el tiempo. Trasladarnos hacia el futuro e incluso hacia el pasado. Podemos anticiparnos hacia momentos remotos y definir nuestros objetivos, hacia donde vamos, lo que queremos y a lo que aspiramos. Para luego, volver al presente y clarificar nuestro panorama. Organizarnos,  crear direcciones, planear como ir tras lo que deseamos.

No obstante esta posibilidad no es útil, sino más bien agobiante, si sirve para generar preocupaciones abstractas, o crear expectativas que nos hacen desvariar, y proyectar imágenes sobre las cuales nos identificamos de manera absoluta. Que en definitiva, nos cierran ante lo incierto que la vida tiene.

Del mismo modo, podemos movernos hacia el pasado y reconocer algunas de las cosas que hicimos. Aprender y mejorar. Auto-evaluarnos e interpelarnos acerca de nosotros mismos. Pero esto tampoco sirve si lo que buscamos es generar rencores, arrepentimientos o provocar nostalgia y melancolía. Porque de este modo, solo creamos una realidad culposa, que provoca caos con lo que somos.

Detrás de la ansiedad, hay un trabajo, que quizás sea muy difícil de medir, acerca del control de nuestros propios pensamientos. 

Si colocamos nuestra atención en el ahora, nos dedicamos de lleno a nuestro presente, a este momento, a esta realidad, que en suma ocupa todo nuestro ahora. Ya que en última instancia, no hay más que eso.

Volver al pasado e ir al futuro sirve, pero siempre bajo cierto entendimiento. En el pasado podemos reconocer una situación en particular cuando se nos presenta, o nos parece conocida, por ser algo que probablemente ya vivimos antes. Allí, regresar es buscar para cambiar, para mejorar. Al igual que ir hacia el futuro, para delinear algunos objetivos respecto de nuestra existencia.

No obstante, toda nuestra observación siempre debe estar puesta en el presente. En el ritual de buscar inspiración y atención y tomar el control de nuestros pensamientos, palabras y actos, que son lo único que podemos controlar en nuestras vidas.

Todo comienza en nuestra mente, con el pensamiento que condiciona nuestras palabras y luego, nuestros actos. Elegir en que pensamos y controlar lo que pensamos, atender las ideas que circulan por nuestra mente, es fundamental para evitar el desgastarte estado de ansiedad.

Un mantra, prestar atención a la respiración, la meditación activa como el baile, canto y la pintura, o la meditación pasiva, sirven para colocarnos aquí y ahora. Para volver al presente y dejar de divagar por un mundo ficticio que no es. O que al menos, no existe en este preciso momento.

Por último, creo que la ansiedad por guardar emociones y no expresarlas es una de las peores ansiedades. Sano es sentir y decir. Autorizar el dolor, la tristeza, el afecto o el placer y expresarlo, porque sino, aquello que no se dice comienza a cultivarse adentro nuestro. La emoción se transforma en una idea y esa idea genera un bloqueo e incluso, puede llegar a generar una enfermedad.

Mi consejo. Hacer las cosas de a poco, y de manera más lenta y pausada, no correr por la vida. Comenzar algo y terminarlo, para recién después, empezar a hacer otra cosa. No querer abarcar cinco actividades en un mismo momento, para terminar no haciendo ninguna. Y no ir apresurados y agitados emocionalmente, perdiéndonos la chance de mirar el mundo con todos sus detalles.

CP


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